Hay personas que pasan por la vida sin aprenderse el nombre de los árboles, sin escuchar el trino de un pájaro en su casa, sin conocer la tierna compañía de un animal amigo.

Muchos ejecutivos importantes ignoran o desdeñan la fuente de ternura del animal doméstico, que ama a los niños de la casa más tiernamente que su propio padre. Como dioses de altísimos Olimpos, jamás se arrodillaron en su vida para jugar con un cachorro...

Nunca conocerán que hay otros seres vivos que dedican su vida a buscar la caricia, a celebrar con gestos la alegría de otros, a entristecerse por la pena de quienes les rodean.

Aquél que haya pasado por la vida tan insensiblemente como un glaciar humano, difícilmente pudo amar al hombre y sus desdichas, y en mínima porción se amó a si mismo, puesto que despreció la amistad de los más fieles amantes de la tierra.

Pedro Lezcano